Es un falso problema por más que ello no signifique que debamos dejar de darle alguna respuesta el de la ausencia, desplazamiento o desvanecimiento de la noción de representación en Tàpies. Lo es ya en la medida tantas veces denunciada en que llevar a cabo una lectura de cualquiera de las obras de Tàpies desde tal supuesto implica un equívoco que niega la polivalencia de sus propuestas, para atenerse a una literalidad empobrecedora. Identificación falaz entre semejanza y representación: una obra de Tàpies puede parecer un muro desconchado, pero no representa un muro desconchado, no es la formulación en un lenguaje nuevamente codificado a tal efecto de un muro desconchado; incluso, yendo más lejos, una bandeja o un montón de paja, tratados por Tàpies como en efecto ha ocurrido para convertirlos en obra, no son ya representación de una bandeja o un montón de paja (¿cómo podrían serlo, puesto que no designan, sino que son desde el comienzo bandeja o paja?). No son la representación, pero tampoco son sin más la bandeja o el montón de paja. En cierto modo, son la antirrepresentación; más que representación, presentación; hacer presente, hacer un presente tiempo y un presente don, una entrega: hacer presente la presencia. "No el pasado/el presente es intocable" ha escrito Octavio Paz. El tiempo del artista y del poeta es el tiempo que toca el presente, que toca lo inasible, que conquista la presencia lo tangible, que conquista el presente, el no-tiempo, el momento vacío y cegador, único desde el que podemos percibir el tiempo como tal al inmovilizarlo en el propio acto de la percepción.
Radicalidades, Barcelona: Antoni Bosch editor, 1978: 98